viernes, 8 de abril de 2011

VIDEOPOEMA




Si primavera ya tu sangre mueve,
si son sus olas ya tus amapolas,
si suena el corazón en las corolas
y llueve, llueve, llueve, llueve, llueve,

si ya el beso del sol fundió la nieve,
si de muertos adioses se abren holas,
si hablan siempre del mar las caracolas
y la yerba saluda el viento leve,

no apagues esa luz que te enamora,
no ciegues las ventanas de la vida,
no temas a la llama que te llama,

porque el único tiempo es el ahora,
porque el amor es la única salida,
porque aún arde la tarde mientras ama.


Poesía de Javier Aguirre Ortiz

Musicalización y voz: Cecile Baud.

jueves, 24 de marzo de 2011

EL MAESTRO EDGAR GUTIERREZ







El artista plástico Edgar Gutierrez nacido en Maracaibo (Venezuela) y actualmente radicado en Miami, nos trae su magia desde la profundidad del color y la maestría de su arte.






Un hombre que ha recorrido el mundo con sus obras. Premiado y reconocido por su labor nos deja su sello en la Fragua Universal.






¡Gracias Edgar!


Juan Pomponio

martes, 22 de marzo de 2011

GALERIA ECO FUSIÓN DE WILDE


Rosa Berenice Contreras Calderón (Perú)


Shayapes (Óleo con espátula)




Libertad (Acrílico 1,20 x 0,90)


Miriam Videla (Argentina)






En la Galería ECOFUSION de Wilde se realiza la exposición de Argentina-Perú y Puerto Rico :MIRIAM VIDELA, ROSA BERENICE CONTRERAS CALDERÓN Y ANDRÉS TAVAREZ
Recordamos que las obras están a la venta a un precios muy accesibles fijados por los autores.EL HORARIO DE VISITA DE MARZO ES : LUNES-MARTES-JUEVES DE 19 HS A 21 HSLAS FLORES 246 WILDE BUENOS AIRES ARGENTINA
El link para visitar la Galería es: http://wwwecofusiongaleria.blogspot.com/


miércoles, 23 de febrero de 2011

MÁS ALLÁ DEL VENTANAL de Marcelo di Marco


Medio incorporada entre las sábanas, la mujer alcanzaba a distinguir el fenómeno. Sí, sí, aquello no era una pesadilla: un gigantesco pájaro flotaba más allá del ventanal, apenas contrastando con el fondo de la noche. La mujer ahogó un grito, ni siquiera abrió la boca: una madrugada en que, por fin, la beba dormía dos horas seguidas sin llorar...
Pensó —quería pensar, mejor dicho— que acaso se trataba de una ilusión. ¿Sería por el vodka? ¿Estaría imaginándolo todo? En absoluto: realmente ese murciélago de marioneta navegaba en pesado vuelo hacia adelante, batía sus alas imponentes en el horizonte de oscuridad y ráfagas. Pero… ¿quién le creería cuando lo contase? ¡Si al menos no se hubiese dejado en la oficina la cámara digital!
Desvelada y con la garganta seca se levantó en silencio, los pies desnudos, sin preocuparse por el frío de los mosaicos. Y desde el balcón veía ahora alejarse al ave. Pico y espolones y garras y alas como de lona o cuero crudo, la bestia se perdía en las tinieblas, se difuminaba más y más hasta convertirse en un punto y desaparecer en la nada del cielo.
La mujer fue hasta el cajón del tocador, encendió un cigarrillo. Sentada frente al espejo, le dio rápidas pitadas antes de aplastarlo contra el cenicero.
Sobre la mesa de luz quedaba su vaso con el resto del Smirnoff. Lo bebió de un trago.
Entonces, a punto de volver a la calidez de la cama...
Corrió hacia el pasillo, y en el camino se estrelló un dedo del pie contra el marco de la puerta. El dolor fue centellas y estacas perforándole el pellejo de la uña quebrada. No le importó.
La cortina deshecha en jirones fue lo primero que vio al abrir la puerta del cuarto de su bebita. Después, el revoltijo de la cuna vacía.

sábado, 19 de febrero de 2011

UN POQUITO DE SOL


¡Qué frío hace hoy! Tengo que irme pronto antes que vengan a abrir los negocios de la galería. Qué seca tengo la boca… Entre el frío y el dolor de las rodillas, el hormigueo de las piernas, el dolor de la panza… me parece que tengo fiebre… Entre todo eso no dormí nada. Me tomaría un café con leche calentito y lo disfrutaría como nada, lo que pase después no me importa. Qué mal huelo, ya no podré acercarme a las bellas mujeres para oler sus perfumes, a metros ya las espanto. Yo era pintón, tenía lo mío, y sonreía, yo recuerdo que sonreía. También lloraba, que ahora ya no lloro. Tengo adormecidos los sentimientos. Se me humedecen los ojos sólo cuando veo a una familia completa y recuerdo que yo también tuve la mía, pero sino, ya nada me hace llorar. Uno se acostumbra al dolor del corazón y el del cuerpo pasa desapercibido. Pero sí, yo tuve una familia. También tuve amigos. Cuando invitaba a tragos y le sonreía a las mujeres en las barras. El otro día vi a uno de mis compinches y no me reconoció o se hizo el gil para evitarme. Más me dolió cuando vi a una noviecita del brazo de otro que sí me reconoció y me esquivó la mirada. Sí, es cierto, estoy todo sucio, descuidado, pero soy el mismo aunque los demás crean que no. Yo los sigo viendo a todos aunque me intenten confundir por un fantasma. Claro que ya no me preocupan demasiado, pero yo los veo, siempre los veo. Voy a caminar poco pero tengo miedo de desmayarme. Necesito un café, puedo recordar su aroma pero no su sabor. Si hoy consigo algunas monedas me voy a tomar un café, ya no tomaré cerveza o vino, que es más barato y me calienta mejor al alma. Pero a mi alma, como a mí, ya nos da todo igual. Me duele la vista… ¿Hace cuánto ya que estoy en la calle? En verano era más fácil, sí que era más fácil. El día era insoportable, casi igual que ahora, pero a la noche en el parque podía dormir si no me encontraba la policía. Y los grupos de jóvenes, bueno, más jóvenes que yo que con treinta y nueve no puedo considerarme muy viejo, ellos me ofrecían a veces el último trago de sus botellas. Ahí tumbado mirando las estrellas y con un poco de mareo soñaba que era libre de esta pesadilla, de este mundo. Esos días no me daban ganas de suicidarme, me daban ganas de imaginar que algún día podría recobrar mi vida, o tener una vida normal. No volvería a hacer los trabajos que hice que no me sirvieron de nada pero haría algo simple, y ya está, algo que me den de comer, o te juro que hubiera cambiado todo lo malo de este mundo. Algo para pagar una pensión y comer un plato caliente una vez al día, una duchita, ¡qué hermosa era la ducha!... ¿Por qué me duelen tantos los ojos? Allí hay muchos policías, mejor pego la vuelta. Pero yo quería ir a ese parque donde van las familias para recordar la mía, recordar que yo tuve una. Me gusta recordar cuando era chico y estaba entero. Había problemas pero la vida me guiñaba el ojo, los adultos eran generalmente buenos. ¿Serán distintos con los chicos que están en la calle que conmigo? Ojalá que sí. Ahora ven mis ojos perdidos y nadie me guiña el ojo, le avergüenzo a la sociedad. Pero si yo formé parte de ellos, si yo no elegí que me echaran del trabajo, que no tuviera ahorros y que no pudiera insertarme en menos de una semana, el tiempo que me llevó dejar la pensión donde estaba para comenzar a deambular. ¿Cuándo fue todo eso? Hace seis o siete meses, pero me parece que fue hace mucho más. Me duelen las rodillas… Algunos que están en la calle como yo se las rebuscan mejor, a mí no me sale, yo sólo tengo… no sé lo que tengo, si no recuerdo ni mi nombre, ni tampoco me importa. Yo me digo a mí mismo Loco, ¡qué pasa Loco! Y me siento acompañado. En esta ciudad no hay perros sino me iría con ellos. Ni en la iglesia me quieren, porque dicen que apesto. Yo no quiero recordar todo lo que he leído, ni tengo fuerzas para discutir con nadie. Cuando pienso mucho, como ahora, me dan ganas de ir a la casa de gobierno y decirle que vengo a matar al presidente, que sí, lo haría, tal vez, pero en realidad lo haría para que me disparen, provocar que me maten. Pero como no quiero suicidarme no lo hago. Tampoco quiero ir preso que allí tendría algo de comida y techo pero sería darle la razón a ellos, ¿qué quieren que haga? Si muero, muero en mi ley. Estoy muy cansado. Quiero verme en ese escaparate… Parezco muy grande, pero es que no me reconozco, no, para nada… Quiero un poquito de sol, que hace frío. Me tiraré en ese banco, es de madera, más cómodo, y esperaré al mediodía tostándome un poco para luego volver a deambular, que hoy quiero tomarme un café. Ahí viene una familia, qué limpito se ve el nene… Me escupió y los padres no le vieron, ni yo puedo decirle nada, pero ¿por qué me escupió? No soy nada, no valgo nada, pero si soy el mismo de siempre, claro que más apagado, herido, pero veo lo mismo que veía cuando sonreía en la barra a una dama, sí, ese era yo aunque me parece un recuerdo del cine. Me quedo en este banco, no doy más… Siento que me desvanezco, me parece que me voy a desmayar. No, Dios, no permitas que me desmaye, haz que me muera de una vez. Perdón, amén.

Madrid, 2010

Avgvstinvs Eliyahu (Príncipe de Albanta)

http://www.reinodealbanta.blogspot.com/

miércoles, 2 de febrero de 2011

VIDA LIBERADA


Foto by Juan Pomponio


La simiente de los caminos brota despacio sobre las colinas, se oye la canción proveniente de los océanos donde cantan mujeres desnudas. Unas cuerdas de cristal resuenan sobre el cielo, salen las palabras porque su combustión inflama la sangre. La simiente de los caminos brota desde mi alma. Huye despacio una palabra. Viaja hacia el sitio de los viejos almendros donde en otras épocas monjes hechizados soltaban las sílabas necesarias para dictaminar el relato. La agonía de una metáfora apura el verso para que no muera el impulso. Mientras la noche duerme, sobre los edificios, algunas luces destellan furiosas porque no pueden salir. La indecisión del momento cuestiona el sentido de cada letra pulsada con la fuerza del silencio. Se agita el pecho junto al gemido de la piel. La agonía de una metáfora apura el verso porque sabe que en cualquier instante se disolverá para mezclarse con el viento y desaparecer tras los molinos imaginarios apostados en una pradera de flores blancas. El malestar crónico de la descompensación metafórica acontece siempre que se mezclan las palabras en mi corazón. Parecen restos de vidas arcaicas adheridas a la piel como un sello lacrado con una gota plateada. Una luna derretida cae sobre el papel. Cráteres del alma abren surcos profundos. Pueden verse las escalas rítmicas, pueden contemplarse las secuencias antiguas...
El malestar crónico viaja por la sangre fusionada de lamentos. Es parte del supuesto goce cuando emergen palabras para reestablecer el nuevo comienzo de las metáforas. La angustia de la poesía se transforma poderosa esparciendo semillas renovadas donde la tierra negra de luz espera la siembra de los hombres, mientras otros esperan el nacimiento de las espigas para segar el concierto de poemas trazados sobre la misma vida. Vida inventada desde la realidad. Vida sin lamentos. Vida liberada con relatos.
La angustia de la poesía sucede a veces cuando la indigestión proviene de aquellos témpanos transitando la orilla de la nada. Un pájaro de cemento escondido sobre un árbol de otros tiempos. En la Avenida Hipólito Yrigoyen los carros pasan veloces, las personas caminan ausentes, la ciudad no oye el canto. Mi corazón se detiene por un momento. Se para al costado del asfalto. La Mariposa oye su canción. Su belleza estremece la frialdad. El pájaro de cemento canta escondido, no quiere ser descubierto para que su canción no se transforme en piedra arrojada lejos, allí donde pasean los autómatas sin conciencia. El árbol brilla apartado del ruido. La vida tiembla...

Juan Pomponio ©

domingo, 2 de enero de 2011

"1939" por Karina Mariposa Roldán

Foto gentileza de Artus Shade en las ruinas de Chillán - Chile

El pueblo había quedado en ruinas, solo se veían los restos sombríos de lo que fue un paraje animado por seres de carne mutada en polvo y arena. Historias inconclusas se derrumbaron con el sismo que acabó sueños de niños, hombres y mujeres, amores no vividos. La muerte cayó como un espanto de escombros sin distinguir la vida, saqueando incluso la soledad y los ancestros recitando un cúmulo de profecías. No hay huellas, no hay murmullos ni secretos declarados, sus bocas fueron silenciadas por la furia titánica. Desaparecieron pequeños mundos entre grises volátiles de una tierra conjugada por voces crepusculares, voces que fueron tonos luminosos en el pentagrama de la existencia y legaron estirpe sembrando cultura para el hoy. Bajo los despojos del viejo hotel, alguien dio con una pequeña carta apenas legible y sin firmas, fechas ni nombres, tal vez a la espera de un encuentro que jamás sucedió:

“…Pude advertir tu presencia aún en la distancia. El aroma de la lluvia traía la voz de los presagios susurrando el nombre del amor. Cada recuerdo se desvanecía en hilos de aguas silenciosas. El olvido embestía los pensamientos y devoraba las imágenes. Nunca supe si la realidad era un sueño o estaba volando al confín de tus manos…”

Karina Mariposa Roldán ©