El poeta Gabriel Jaime Franco naciò en Medellìn, Colombia en 1956. Es miembro del consejo de redacciòn de la revista Prometeo y del equipo organizador del Festival Internacional de Poesìa de Medellìn. Evento que reùne a màs de siete mil personas asistiendo a los recitales que ofrecen los poetas invitados. Ha publicado los libros como "En la ruta del dìa", "Reaprendizaje del Alfabeto" (Premio Nacional de Poesìa Fuego en las Palabras, en 1997 y la "La tierra memorable" Ha sido incluìdo en numerosas antologìas latinoamericanas.
lunes, 26 de mayo de 2008
CON LOS POETAS GABRIEL JAIME FRANCO Y NORBERTO CODINA
El poeta Gabriel Jaime Franco naciò en Medellìn, Colombia en 1956. Es miembro del consejo de redacciòn de la revista Prometeo y del equipo organizador del Festival Internacional de Poesìa de Medellìn. Evento que reùne a màs de siete mil personas asistiendo a los recitales que ofrecen los poetas invitados. Ha publicado los libros como "En la ruta del dìa", "Reaprendizaje del Alfabeto" (Premio Nacional de Poesìa Fuego en las Palabras, en 1997 y la "La tierra memorable" Ha sido incluìdo en numerosas antologìas latinoamericanas.
CHARLA SOBRE LA POESÌA DE NICOLAS GUILLÈN A CARGO DE NORBERTO CODINA
Charla realizada en la Escuela de Las Artes "Estìlita Orozco" de San Cristòbal, Venezuela; realizada por el poeta Norberto Codina.
Norberto Codina
Poeta y editor nacido en Caracas, Venezuela en 1951. Reside en Cuba desde 1959. Desde hace màs de veinte años es director de La Gaceta de Cuba, publicaciòn de arte y literatura de la Uniòn de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) Ha obtenido entre otros reconocimientos, el Premio David de Poesìa (1974), Premio Poesìa de Amor de Varadero (1982) Premio de Periodismo Cultural (2005) Forma parte de la Fundaciòn Nicolas Guillèn.
Poeta y editor nacido en Caracas, Venezuela en 1951. Reside en Cuba desde 1959. Desde hace màs de veinte años es director de La Gaceta de Cuba, publicaciòn de arte y literatura de la Uniòn de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) Ha obtenido entre otros reconocimientos, el Premio David de Poesìa (1974), Premio Poesìa de Amor de Varadero (1982) Premio de Periodismo Cultural (2005) Forma parte de la Fundaciòn Nicolas Guillèn.
sábado, 17 de mayo de 2008
RECITANDO EN LOS BARRIOS
viernes, 16 de mayo de 2008
COMO EN LOS TIEMPOS ANTIGUOS
VIVIENDO EN EL COBRE
Hace una semana que me encuentro en las montañas de Venezuela, precisamente en un pueblo llamado El Cobre, ubicado en la bella tierra tachirense a 2.200 metros de altura. Un lugar de ensueño rodeado de huertas cultivadas por campesinos nobles. En el aire se huele el aroma de las cebollinas, se ven los frutos del trabajo: bellos coliflores, brócolis bien verdes, papas, ajo porro, apio y es abundante la fragancia del cilantro fresco. Sobre las laderas montañosas se aprecian las pequeñas figuras trabajando fatigosamente la tierra. En las calles de la aldea de humus, se siente la cordialidad de sus habitantes que tienen la simpleza de lo bello. Los niños sonríen cubiertos de pureza y aún se mantiene lo natural de una vida apartada de la locura en las ciudades.
Caminar entre las nubes, contemplar las casitas que se ven arriba de los cerros me transporta a un lugar de ensueño, las flores silvestres, las rosas rojas cultivadas por manos laboriosas. Charlar con una anciana campesina es de una belleza indescriptible. Oír su relato de cuando preparaban los faroles artesanales elaborados con el aceite de tártago cultivado por ellos mismos o del duro trabajo de sembrar y cosechar el trigo en esas laderas empinadas; todo eso me muestra un mundo fantástico. Imagino la fuerza de aquellos seres humanos en una vida aislada y de enorme sacrificio, donde no había luz eléctrica ni agua potable de red, mucho menos centros de asistencia médica.
Transitar esta tierra me entrega una experiencia de vida maravillosa, el contacto íntimo con sus pobladores, charlar de sus costumbres, saborear la cultura de un pueblo, observar su forma de hablar, los modismos, oír su música, beber sus licores artesanales, sentir la caricia de una dulce andina, es una realidad que llena mi corazón de temblores suaves de paz.
Caminar entre las nubes, contemplar las casitas que se ven arriba de los cerros me transporta a un lugar de ensueño, las flores silvestres, las rosas rojas cultivadas por manos laboriosas. Charlar con una anciana campesina es de una belleza indescriptible. Oír su relato de cuando preparaban los faroles artesanales elaborados con el aceite de tártago cultivado por ellos mismos o del duro trabajo de sembrar y cosechar el trigo en esas laderas empinadas; todo eso me muestra un mundo fantástico. Imagino la fuerza de aquellos seres humanos en una vida aislada y de enorme sacrificio, donde no había luz eléctrica ni agua potable de red, mucho menos centros de asistencia médica.
Transitar esta tierra me entrega una experiencia de vida maravillosa, el contacto íntimo con sus pobladores, charlar de sus costumbres, saborear la cultura de un pueblo, observar su forma de hablar, los modismos, oír su música, beber sus licores artesanales, sentir la caricia de una dulce andina, es una realidad que llena mi corazón de temblores suaves de paz.
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